IA confirma lo que los adolescentes quieren oír y los aleja del diálogo humano

Recientemente, profesionales de la salud mental de Neuquén se reunieron para analizar el creciente uso de la inteligencia artificial entre adolescentes. La herramienta se emplea para resolver tareas escolares, responder dudas sobre el cuerpo y ofrecer compañía cuando los chicos se sienten solos, funcionando a cualquier hora sin interrupciones.
María Zysman, psicopedagoga, junto a los psicólogos Mel Gregorini y Nicolás García, y el psiquiatra Lucas Raspall, coinciden en que la IA puede ser útil, pero advierten que su uso indiscriminado genera “pereza cognitiva”: los jóvenes delegan operaciones mentales en la máquina y dejan de evaluar críticamente las respuestas.
El principal riesgo no es solo la desinformación, sino la costumbre de aceptar la respuesta sin contrastarla, lo que limita la capacidad de elaborar propias conclusiones y reduce la curiosidad. Además, la disponibilidad permanente de la IA puede sustituir el contacto con adultos y pares, dificultando la construcción de amistades y relaciones de pareja.
Algunos adolescentes, incluso desde los cinco o seis años, interactúan mediante mensajes de voz sin comprender cómo funciona la tecnología ni la diferencia entre una máquina y una persona. Esa falta de distinción puede reforzar la soledad y una visión parcial de sus problemas, sobre todo cuando buscan asesoramiento psicológico en la IA.
Los especialistas proponen integrar esas conversaciones en el trabajo terapéutico en lugar de prohibirlas. Preguntar al paciente qué respuestas recibió, analizarlas y orientar la búsqueda de información permite usar la IA como apoyo sin que reemplace la guía profesional. Para los desarrolladores, el desafío es crear interfaces que incentiven la verificación y el diálogo crítico, no la aceptación pasiva.
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